"El agua caía a cantaros y el pequeño ático alquilado parecía un viejo colador. Las pequeñas gotas del aguacero, que azotaba el país durante las ultimas semanas, se deslizaban por las vigas de madera cayendo sobre mi frente mezclándose con el sudor frío. Cogí una copa larga con decoración en relieve de estilo barroco y me serví una cantidad generosa de absenta verde. Sobre la cucharilla de plata de siempre, apoyada encima del vaso, puse un terroncito de azúcar, y empecé a empaparlo poco a poco, y con un goteo continuo, con agua bien fría, hasta que se deshizo por completo, cayendo sobre la absenta junto con el agua. En un momento, la mezcla de agua fría empezó a emblanquecer el licor formando unos pequeños brumitos, palometas.
La tenue luz de las tímidas farolas de la calle y los edificios grandes penetraban por las rendijas de las persianas bajadas. Los esporádicos rayos que caían cerca apenas iluminaban la estancia unos instantes antes de que sus truenos marcasen, como un reloj, el "tic tac" de lo que se avecina. Verme así, con estas ropas raídas y empapadas, manchadas de sangre, sangre que aún olía a pecado, y sin haberme afeitado durante semanas, hacia que en su conjunto todo pareciese irreal, pero no lo era, era real. Había estado pensando las últimas semanas en como sería este momento, y en como sería el momento después. Ahora me parecía absurdo el solo echo de intentar buscar una explicación racional a lo sucedido. Poco importaba que dirían mis amigos o la familia. Mi mente era el tribunal más duro, pero aún así no le prestaba atención.
Me levanté, y rebusqué en el cajón donde guardaba la pistola de mi abuelo, allí estaba la bala también. Mi abuelo falleció de un cáncer agónico cuando yo era un adolescente incipiente. Recuerdo como siendo yo niño, cada domingo, después de comer me mostraba como limpiar todo el engranaje de su vieja Star. Abrí el cargador suavemente, como me había enseñado mi abuelo, e introduje una bala en la recamara, para no dar oportunidad a la suerte de seguir condenándome. Y como mi abuelo en el pasado, con aquella misma pistola, fui rápido y con precisión a la raíz del problema, sin valorar más allá. Apunte sobre la sien, y disparé. Y después, nada. Nada."
- Extracto del cuento El Ahora Verde.