22 agosto 2006

Verano Sangriento

Las primeras bombas ya empezaban a caer en el Sur y en las costas del Norte la gente aún tomaba el baño ajena a lo que se avecinaba. Parecia mentira como después de tantos años de paz se podía haber llegado a un momento así.
Solo algunos de los bañistas mas mayores de aquella playa entendieron de immediato el ruido de las sirenas que hacía casi sesenta años que no se oían. El recuerdo terrorífico de las huidas hacia el refugio les paralizo el rostro de tal modo que hasta a sus familiares más próximos se les helo la sangre al verlos. Muchos quedaron absortos mirando el mar con los ojos vacíos y un sudor frío deslizandose por sus sienes.
Los más jovenes continuaban sus rutinas veraniegas sin prestar atención a las sirenas, para ellos algo nuevo y sin memoria.
Luego el ruido atronador de los primeros aviones que volaban casi a ras de suelo hizo estremecer el agua, la arena y la paz. Tras unos segundos de silencio sepulcral regresaron los aviones, y con ellos las bombas.
En pocos segundos solo algún llanto o quijido lejano rompía el silencio de las olas batiendo en la costa teñida de sangre.


- En solidaridad especial con el pueblo palestino de la Franja de Gaza y los habitantes del Libano, de los que hemos visto su sufrimiento este verano mientras nuestros "lideres" permanecian impasibles.
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06 agosto 2006

Pequeñas Cosas

Las mejores cosas de la vida se componen de pequeños momentos, como cantaba Serrat, son aquellas pequeñas cosas los ladrillos de la vida. Pero esas pequeñas cosas guardan un poco de nosotros y de otras personas, y de otros lugares y momentos, y cuando nos las cruzamos de vuelta ya no son lo que eran.

Es curioso como una cosa tan sencilla como ir de la mano de alguien puede soltar en nuestra mente los perros de la nostalgia. Ir de la mano, el sencillo contacto de la piel, mover sutílmente las yemas de los dedos para realizar caricias en el subconsciente. Actos involuntarios que sacan de nosotros el instinto de animal social. Ese animal que se resiste a estar solo, por más soledad buscada que quiera su razón, por mas daño que le causen las ataduras, por más voluntad que ponga en mantenerse fiel a si mismo y a su soledad. Al contacto con una mano suave, los miedos se hacen patentes y derrotan facilmente toda voluntad. Entregando nuestra mente a lo que se pueda, lo primero que tengamos a mano...esa otra mano.

Y entonces piensas estupidamente que esa persona es para ti, para saciar tu soledad, y no es así. Es todo un espejismo. Una broma pesada entre tu instinto social y tu sentido del tacto. Cuando por fin la noche pasa y consigues soltarte, viene la nostalgia y todas las manos agarradas hasta el momento pasan por tu tristeza, barnizandola de nuevo, para que no se deteriore. Esa tristeza bien cuidada, esa tristeza que nos define, esa tristeza que alimenta nuestra inspiración. Bendita tristeza.

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03 agosto 2006

El momento del adiós

" Sentada. Frente a mi, el mar de tus lamentos. Ya no me pregunto si me quieres o si me odias. La verdad es que después de mi última cruzada ya poco me importa.

Siempre. Como siempre, la misma historia con diferente actor de reparto, diferente música y diferente cielo, pero de nuevo el mismo final. Todos los sentimientos que inundaban mi corazón se han deslizado entre mis dedos como la arena hasta la playa de donde los recogí una vez. Miro cómo caen poco a poco, imaginando que en cada grano hay una escena que no querré volver a vivir, asqueada de todas las sensaciones por las que me ilusioné.

Nada. No me aportas nada más de lo que otros me aportaron en su día. Si te duele pensar que lo hiciste, y te das cuenta que no es cierto, te jodes. Aprende para otra vez que intentes hacer feliz a alguien, para que no estropees más cuentos de nereidas.

Me levanto. Aún sin reponerme, me levanto. Ni pienso ir a buscarte. Si lo hago será para decir adiós."

El presente texto ha sido escrito por Ulala, habitual colaboradora. Gracias.

01 agosto 2006

Poema de Agosto

Para este Agosto prefiero poneros un bonito poema, de Nicolas Guillen, titulado Canción

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)