Solo algunos de los bañistas mas mayores de aquella playa entendieron de immediato el ruido de las sirenas que hacía casi sesenta años que no se oían. El recuerdo terrorífico de las huidas hacia el refugio les paralizo el rostro de tal modo que hasta a sus familiares más próximos se les helo la sangre al verlos. Muchos quedaron absortos mirando el mar con los ojos vacíos y un sudor frío deslizandose por sus sienes.
Los más jovenes continuaban sus rutinas veraniegas sin prestar atención a las sirenas, para ellos algo nuevo y sin memoria.
Luego el ruido atronador de los primeros aviones que volaban casi a ras de suelo hizo estremecer el agua, la arena y la paz. Tras unos segundos de silencio sepulcral regresaron los aviones, y con ellos las bombas.
En pocos segundos solo algún llanto o quijido lejano rompía el silencio de las olas batiendo en la costa teñida de sangre.
- En solidaridad especial con el pueblo palestino de la Franja de Gaza y los habitantes del Libano, de los que hemos visto su sufrimiento este verano mientras nuestros "lideres" permanecian impasibles.
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