08 abril 2006

La Equilibrista


Tras mucho tiempo caminando sobre una cuerda tensa que separaba mis dos ultimidades, noté cómo mis pasos iban destensándola poco a poco.
Gracias a un "sabio consejo" había colocado en mi cintura un grueso arnés con doble cuerda de seguridad, así que no me preocupé.
¡Pero ocurrió algo impredecible! Una de las sujecciones del arnés estalló sin previo aviso, provocando un enorme ruido que me hizo tener que tapar mis oidos.
El miedo empezó a cubrir el espacio que había entre mis tobillos, atándolos e impidiendo que siguiera adelante.
Eché mano de la cuerda de seguridad para intentar encontrar un mosquetón que sobrara, mas no hallé otra cosa que unos cuantos hilos sueltos en lo que antes pensé que podía llegar a salvarme.
No era angustia lo que sentía alrededor de mi cuello. Era verdadero pánico. Ahora sólo quedaba un enganche del que agarrarme si algo ocurría.
En el fondo sabía que pronto caería al vacío, sólo era cuestión de tiempo y de que una pequeña ráfaga de viento me desestabilizara. Entonces, ocurrió.
Una parada en seco pocos metros más abajo, pero ya era demasiado tarde. Mi cuerpo había quedado enredado en mi supuesta salvación, y la única forma de liberarme era cortando lo que me sujetaba tan fuertemente. Así que tomé la navaja con una mano y me deshice de mis ataduras de un certero corte.
Caía más y más rápido, pero sentía una gran liberación.
Una centésima de segundo antes de estrellarme contra el suelo sonreí por última vez, pensando que no se puede esperar nada bueno de quien nada bueno te ofreció nunca.

NOTA: el presente texto pertenece a Ulala, una fiel lectora y esporadica colaboladora. Gracias. :)

4 comentarios:

Zambeze dijo...

¡Jooooder!

Ulala dijo...

Joder?

Iotraike dijo...

Zambeze, te presento a Ulala...y ahora igual con frases mas largas nos entendemos mejor, jeje, aunque joder es bastante expresivo!

Zambeze dijo...

jaja, a mi es que no se me ocurría otra cosa, para ponerte después de haber leído el relato.