Es tarde y las mantas abrigan mi soledad.
Es de noche y hoy las sábanas están frías.
Me arropo con la colcha de culpabilidad que tejió mi subconsciente, y buceo entre las telas que cubren mi cuerpo. No consigo encontrar los vestigios de tu presencia por mucho que lo intento. Me adentro desde el cabecero hasta la mitad de mi lecho casi sin mirar por dónde iban mis pasos. La búsqueda no da su fruto. Sólo quiero encontrar un cabello, una lágrima, una palabra de las que me susurrabas cuando me hacía la dormida, pero parece todo ya desvanecido.
Es tarde y las sábanas están frías.
Es de noche y las mantas abrigan mi soledad.
No logro conciliar el sueño, pensando en que tal vez en el final del colchón haya logrado sobrevivir un poco de tu calor. Parece que a medida que avanzo, mis esperanzas van cediendo y caigo en la cuenta de que estoy sola. Me detengo casi al final de mi camino, dejando rodar el llanto por mis mejillas heladas. Miro al frente y aparto con desprecio la cortina de dolor que impide que vea más allá. Ante mi aparece un horizonte nuevo ahora. Las sábanas caen en picado hacia una laguna cristalina. Las mantas se elevan hacia el cielo y la colcha de mi desesperación se entremezcla con el blanco de las nubes.
Ahora lo comprendo todo.
NOTA: el presente texto pertenece a Ulala, una fiel lectora y esporadica colaboladora desde hoy. Gracias. :)
Es de noche y hoy las sábanas están frías.
Me arropo con la colcha de culpabilidad que tejió mi subconsciente, y buceo entre las telas que cubren mi cuerpo. No consigo encontrar los vestigios de tu presencia por mucho que lo intento. Me adentro desde el cabecero hasta la mitad de mi lecho casi sin mirar por dónde iban mis pasos. La búsqueda no da su fruto. Sólo quiero encontrar un cabello, una lágrima, una palabra de las que me susurrabas cuando me hacía la dormida, pero parece todo ya desvanecido.
Es tarde y las sábanas están frías.
Es de noche y las mantas abrigan mi soledad.
No logro conciliar el sueño, pensando en que tal vez en el final del colchón haya logrado sobrevivir un poco de tu calor. Parece que a medida que avanzo, mis esperanzas van cediendo y caigo en la cuenta de que estoy sola. Me detengo casi al final de mi camino, dejando rodar el llanto por mis mejillas heladas. Miro al frente y aparto con desprecio la cortina de dolor que impide que vea más allá. Ante mi aparece un horizonte nuevo ahora. Las sábanas caen en picado hacia una laguna cristalina. Las mantas se elevan hacia el cielo y la colcha de mi desesperación se entremezcla con el blanco de las nubes.
Ahora lo comprendo todo.
NOTA: el presente texto pertenece a Ulala, una fiel lectora y esporadica colaboladora desde hoy. Gracias. :)
5 comentarios:
Joder, qué cambio. Luego me dices a mí con el cambio de plantilla y tal, y mira lo que habéis hecho por aquí. Ha quedado muy bonito, sí señor.
Cuanto tiempo sin verte por aqui! bienvenida a las letras que cruzan la piel! :P
Ejem... Que no comente siempre no quiere decir que no os lea :P
Un texto precioso, muy sentido, me ha encantao. Ulala, muchas gracias por tu colaboración, espero que pronto nos osequies con otro mas ^^.
Waw, Ulala, escribes muy bien, me recuerda un poco al estilo de Oldekiel, jeje. Algunos trocitos me han hecho recordar muchos de mis lunes solitarios...ayss
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